RESUMEN EJECUTIVO

Este trabajo tiene como objetivo medir el impacto distributivo del gasto público en educación.

Gasto público en Mendoza

El gasto público total de la provincia de Mendoza fue de $1.263 millones en 1997, ocupando el quinto lugar a nivel nacional, precedido por el de Buenos Aires, Córdoba, la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe. De la distribución por finalidades surge que la mayor participación corresponde al Gasto Público Social (46,04%) siguiéndole en importancia los gastos para Funcionamiento del Estado (38,80%). Dentro del Gasto Público Social, la función Cultura y Educación es la de mayor peso (61,79%), seguida por la función Salud (20,20%) y Bienestar Social (18,01%).

Gasto en Cultura y Educación

Las erogaciones en Cultura y Educación se distribuyen en seis subfunciones. De ellas, Educación Elemental y Media y Técnica son las más importantes, utilizando más del 80% del presupuesto. Esta función es intensiva en gasto en personal (82,21% del gasto total de la función), sobresaliendo Educación Elemental en este aspecto.

El gasto público en Educación está financiado tanto por la provincia (73%) como por la Nación (27%). De los $270 millones gastados por la primera, fue asignado a la Educación Elemental alrededor del 56%, a la Educación Media y Técnica un 40%, y a la Educación Terciaria un 4%. Respecto al gasto de la Nación, la mayor participación correspondió a la Educación Terciaria y Universitaria (68%) y el resto a la Educación Básica.

Impacto distributivo del gasto en Educación

El gasto público total en educación está claramente concentrado en las personas de menores ingresos y presenta una distribución decreciente. En efecto, las personas clasificadas en los dos primeros quintiles perciben el 45% del gasto, aquéllas ubicadas en el tercer y cuarto quintil un 37,5% en tanto el quinto recibe el 17,5%. La percepción del gasto en los estratos medios es muy similar, especialmente en el tercer y cuarto quintil. De hecho, por efecto de la distribución del gasto en educación superior el cuarto quintil recibe una proporción ligeramente superior a la que recibe el tercero, 19,0% y 18,5% respectivamente.

El gasto público en educación preescolar y primaria está sesgado hacia los primeros quintiles, en educación media está sesgado ligeramente hacia los estratos medios, y en educación superior hacia los más altos. Efectivamente, los niños de familias de menores ingresos (primer y segundo quintil) que concurren a los niveles preescolar y primario público reciben casi el 60% de los gastos ejecutados en cada nivel. Los asistentes de menores recursos del nivel secundario reciben un 40%. Por el contrario, en el nivel superior el 36% de los gastos está destinado a estudiantes de ingresos más elevados (quinto quintil). Y si a ellos se les adicionan los del cuarto quintil, se observa una fuerte concentración (67%).

La progresividad de un subsidio se mide también como porcentaje del ingreso. Mientras que el gasto en el nivel primario es el más relevante para los estratos de menores ingresos, se torna menos importante para los de ingresos más elevados. Pese a que el gasto público en educación preescolar es muy bajo, el subsidio resulta más provechoso para el primer quintil que la educación superior. Así es que las personas ubicadas en el primer quintil reciben un equivalente al 16,9% de sus ingresos en concepto de servicios educativos primarios, un 6.7% de secundario, un 2,9% del preescolar y un 1,3% del nivel superior. Alcanzando en total el equivalente al 27,9% del ingreso.

Por otro lado, las personas clasificadas en el quintil de mayores ingresos reciben un subsidio equivalente al 1,9% de sus ingresos, fundamentalmente explicado por la participación de la educación superior.

Como resultado, el gasto en educación mejora la distribución del ingreso, reduciendo el coeficiente de desigualdad de Gini de 0.443 a 0.415, asumiendo un financiamiento con impuestos neutrales.

El análisis por estratos esconde la enorme diversidad dentro de cada grupo en el aprovechamiento de los programas públicos. Así es que el 38% de las personas no se benefician, al menos directamente, del gasto público en educación ya que ninguno de los miembros de sus hogares asiste a un establecimiento educativo público. El resto de la población recibe en alguna medida un subsidio mediante el gasto público en educación. Variando el monto sustancialmente, aún entre familias con niveles de ingreso similares.

Determinantes de la asistencia al sistema educativo

Educación Inicial

El 80% de los niños que asisten a un jardín de infantes, lo hace a establecimientos públicos (EPH). Se constata que, cuanto mayor es el ingreso, mayor es la probabilidad de mandar a un niño a un jardín de infantes privado.

La distribución del gasto público en educación preescolar se tornó más progresivo en el último lustro, debido a un leve aumento de la asistencia de los niños de hogares de menores ingresos y una fuerte reducción de los quintiles más altos.

La probabilidad de asistir a un jardín de infantes crece muy levemente al aumentar el ingreso per cápita de la familia. De hecho, la probabilidad de asistencia de los niños de familias de mayores ingresos es apenas superior al promedio. Los resultados de un análisis de regresión múltiple indican que, con excepción de la edad, ninguna variable es estadísticamente significativa a la hora de explicar la decisión de los padres o tutores de mandar a un niño al jardín de infantes. En principio, no parecen existir problemas de inequidad en el nivel preescolar.

En el estudio de perfil de los hogares con niños en edad de asistir al preescolar se observa que la asistencia no estaría asociada a la condición de actividad de las madres. Sin embargo, existiría una tendencia de mayor concurrencia al sector privado entre los niños con madres activas.

Nivel primario

Prácticamente todos los niños van a la escuela primaria. Por lo tanto la probabilidad de asistencia es cercana a 1. De cualquier manera la probabilidad es levemente creciente con el ingreso hasta alcanzar el valor 1 para los niños de familias de ingresos medios y altos.

La probabilidad de asistir a una escuela primaria pública cae con el ingreso. Mientras que casi con certeza un niño de un hogar de escasos ingresos asiste a un establecimiento estatal, la probabilidad es alrededor de ½ para un niño de los estratos más altos. La probabilidad de asistir a una escuela primaria pública aumenta si el niño vive en el interior de la provincia.

Dos factores se conjugan para explicar la mayor concentración de beneficiarios de la educación primaria pública en los estratos más humildes: la mayor cantidad de niños en edad escolar en los primeros quintiles y la mayor asistencia a establecimientos públicos.

Nivel Secundario

Mientras que prácticamente todos los adolescentes del quintil de mayores ingresos asisten a la escuela secundaria, sólo alrededor de la mitad lo hace en el quintil de menores ingresos. En contraste con lo que ocurre en el preescolar y en primario, la probabilidad de un joven de asistir a la escuela secundaria crece fuertemente con el ingreso. Si el jefe o cónyuge de mayor educación alcanzó a terminar la primaria, aumenta la probabilidad de su hijo de asistir al secundario. La presencia de padres con educación secundaria tiene un efecto positivo aún mayor, mientras que la presencia de padres con estudios superiores lo "explica" completamente. La edad es significativa y con signo negativo, evidenciando un importante fenómeno de deserción.

Dado que una persona asiste a una escuela secundaria, la probabilidad de que lo haga en un establecimiento estatal cae con el ingreso. La probabilidad para los adolescentes de hogares de menores ingresos es cercana a 1, mientras que para los de mayores recursos es de alrededor de ½. La educación de los padres aparece como un factor clave en la decisión público-privado. Cuanto más educados son, mayor probabilidad de mandar a sus hijos a una escuela privada, independientemente de sus ingresos.

Existen tres efectos que actúan en forma contrapuesta respecto al impacto distributivo del gasto público en educación secundaria: (i) los jóvenes en edad de escuela secundaria están más concentrados en los estratos de ingreso per cápita familiar más bajos; (ii) la asistencia al colegio secundario es menor en estos estratos; y (iii) las personas con menores ingresos tienden a asistir a escuelas públicas en mayor proporción que los pertenecientes a hogares de mayores ingresos. La interacción de estos tres elementos genera patrones no demasiado claros en la distribución de beneficiarios. En particular, la distribución por ingreso per cápita familiar aparece aproximadamente uniforme, con porcentajes menores en el primer y último quintil.

Existen señales de una transformación en la estructura de beneficiarios de las escuelas secundarias públicas. En el año 1992 la distribución estaba claramente sesgada hacia los hogares de menores ingresos. Mientras que en 1997 es aproximadamente uniforme entre quintiles.

Nivel Superior

La asistencia al nivel superior cayó entre 1992 y 1997, contrastando con el aumento de la asistencia al secundario. Dicha caída no es uniforme entre estratos ni presenta un patrón claro aunque se ha tornado más regresiva para los asistentes al sector público.

Pese a que los dos primeros quintiles agrupan al 36% de los jóvenes, sólo incluyen al 17% de los asistentes a universidades e institutos terciarios. Alrededor del 6% de los jóvenes del primer quintil asiste a este nivel, subiendo al 45% para el último quintil. La relación entre la probabilidad de asistir y el ingreso es clara: los jóvenes de menores ingresos tienen una probabilidad muy cercana a cero, mientras que para los de mayores ingresos supera el valor ½ .El nivel educativo de los padres ejerce un efecto positivo significativo así como el hecho de ser mujer, mientras que el estar casado/a tiene un efecto negativo.

La mayoría de las diferencias en el acceso estarían determinadas en etapas anteriores a este nivel. Si dos jóvenes alcanzan a terminar el colegio secundario, la probabilidad de que ingresen al nivel superior parece ser independiente de la mayoría de las variables consideradas y sólo ligeramente creciente con el ingreso.

Como ocurre con el resto de los niveles, la probabilidad de asistir a un establecimiento público decrece con el ingreso. Si bien los jóvenes de familias de escasos recursos concurren menos, cuando lo hacen es a un establecimiento público. De estos dos efectos el que predomina claramente es el primero, porque muy pocos cursan estudios superiores por lo que vuelve casi irrelevante. El trabajo señala el sesgo hacia los estratos de mayores ingresos de la distribución de usuarios de este nivel educativo estatal.

Perfil de los hogares con adolescentes rezagados o marginados de la educación formal

Dos de cada tres de los adolescentes marginados del secundario tienen más de 16 años y son varones y casi la mitad se encuentra inactivo (no estudian ni trabajan). Si se toma en cuenta, además, la incidencia de la pobreza por ingresos y de la pobreza estructural en los hogares a los que pertenecen (40% de los adolescentes marginados habitan hogares con NBI y el 38% hogares pertenecientes al primer quintil de ingresos) se concluye sobre el alto grado de vulnerabilidad de esta población. Adicionalmente, uno de cada dos proviene de hogares "de marginados" (en los que por lo menos hay dos integrantes en edad escolar que no asisten). La probabilidad de convertirse en rezagado o en marginado del secundario sería mayor para aquellos adolescentes que habitan hogares en los que ningún miembro ha finalizado la primaria. La evidencia empírica ratificaría la hipótesis de que la institución escolar tiene dificultades en la retención de estos adolescentes, fundamentalmente varones.